p a b l o f r a n c h i / c u e n t o s d e l b o n d i

Final de película

Franela
Aburrido domingo
Caballeros
Conversacion en el subte
Amor verdadero
Falta y resto
Final de película
Algo que me hubiera...
Abuelo postizo

v o l v e r
a l i n i c i o

c u e n t o
a n t e r i o
r

c u e n t o
s i g u i e n t e

AAANueve de la mañana en el 152 que toma por Cabildo hacia el centro. A mi lado, en la punta del asiento de cinco del fondo del bondi, un pelirrojo de campera bordó y pantalones grises lee lo que parece ser la sinopsis de un libro de historia del cine.
AAAComo mis viejos ojos me lo permiten, logro leer algunas líneas aisladas: tres cuartos, medio y primer plano, secuencias paralelas, montaje, relato inserto en la acción principal a modo de recuerdo, edición, reedición y preproducción. Cuando voltea la página, hay un capítulo completo dedicado a los trabajos de un tal Griffith, un director del mil novecientos y monedas, autor de películas poco redituables pero magníficas, como suelen ser reconocidas tras varias décadas ese tipo de películas. En negritas se destaca un guión jamás llevado a la pantalla que narra la historia de dos mujeres que cruzan sus miradas casualmente al verse reflejadas en la vidriera de una tienda, y descubren que no sólo están vestidas del mismo modo, sino que además se parecen físicamente. La crónica de la historia continúa con un vasto etcétera que mis cansados ojos no pueden seguir leyendo, pero cuando levanto la vista hacia el pasillo las veo, espalda contra espalda, cada una con la mirada perdida tras la ventanilla, ambas pelirrojas, una el pelo recogido con una hebilla de carey, la otra con una de plástico; campera bordó para ambas, una de cuero, la otra de pana; pantalones grises, una de vestir, la otra de franela. Calzado blanco, bufanda gris, mochila, uñas rojo carmesí.
AAAEl estudiante de cine parece no notar el fenómeno, así que disimuladamente lo codeo, él levanta la cabeza en un acto reflejo y las descubre.
AAANo me creo capaz de describir su rostro, pero puedo asegurar que era la imagen viva de la felicidad. Se puso de pie de un salto y palmeó a las dos chicas en el trasero. Los tres se miraron perplejos de arriba a abajo y estallaron en risotadas hasta llorar.
AAALos tres pelirrojos bajaron del brazo en la parada siguiente, y se alejaron con dirección desconocida, con sus camperas bordó, sus pantalones grises, sus calzados blancos y su imperiosa necesidad de festejar debidamente la cinematográfica coincidencia.

Pablo Franchi

Derechos de autor reservados Ley 11723 de Propiedad Intelectual