p a b l o f r a n c h i / c u e n t o s d e l b o n d i
Amor verdadero |
Franela Aburrido domingo Caballeros Conversacion en el subte Amor verdadero Falta y resto Final de película Algo que me hubiera... Abuelo postizo |
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AAALos
brazos cruzados, el chasquido de la lengua ante cada semáforo en rojo,
la cabeza inquieta, la mirada ansiosa, todo indica que el gordo está
apurado. Cruza las piernas (le cuesta), descruza los brazos, consulta su reloj
de pulsera y los vuelve a cruzar, repitiendo la operación ante cada semáforo
en rojo, como si fueran eternidades los pocos segundos que el bondi se detiene
esperando el verde.
AAAMira
distraídamente por la ventana, a mi derecha, y lo estudio con el rabillo
del ojo, lo cual el tipo debe haber captado porque me pregunta éste
va más rápido que el 63, ¿no?, a lo cual una respuesta
amable hubiera sido “por supuesto”, o “desde
ya” o al menos un misericordioso “no sé”,
pero nunca el “si estuviéramos en el 63 ya hubiéramos
llegado a la terminal” que yo le dije.
AAA-Entonces
tengo una buena excusa –dijo volviendo a consultar su reloj-. Me llevó
dos años atreverme a invitarla a salir, ¿sabe? Ella ya habrá
visto pasar a los 63 que deberían haberme llevado y no esperará
que llegue en esta carreta. No sabe lo que me costó que dijera que sí.
AAAPero
yo no arrugué y la perseguí por toda la oficina hasta que me dijo
que estaba bien con tal que no la molestara más, pero si me pregunta,
creo que le caigo bien, a Martita. No creo que me espere. O sí, ya sabe
como son las mujeres. Creo que debe estar ahí –dijo y enmudeció,
esperando mi consentimiento.
AAA-Seguramente
–consulté mi reloj-. Pero los chóferes de esta línea
viajan con mucho tiempo a favor, mi amigo.
AAAEl
gordo no contestó nada y guardó silencio el resto del viaje, pero
al llegar a la parada de Cabildo y Echeverría se puso de pie (era alto,
el gordo) y, viendo como una morocha con más curvas que la pista de Interlagos
subía al Honda Civic de un muchacho carilindo del cual no parecía
saber siquiera el nombre, corrió hacia delante, tomó al chofer
por las solapas, lo levantó en el aire (era fuerte, el gordo), lo barrió
por todo el pasillo del bondi semivacío y lo pateó hasta que se
cansó de que la sangre le manchara las botas, lo cual fue poco antes
de que subiera un agente de tránsito metido que recibió un puñetazo
en pleno tabique nasal y no despertó hasta que me bajé del bondi.
AAADos
agentes más llegaron a tiempo para evitar una masacre, llevándose
al gordo detenido, haciendo grandes esfuerzos por mantenerlo sometido a pesar
de las esposas.
AAANo
supe nada más del gordo, pero a la morocha la veo subirse todos los días
al auto de un tipo diferente, buscando con desesperación a su Único
Amor, a su Amor Verdadero, probablemente algún gordo alto de muy mal
carácter.
Pablo
Franchi
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